Real Madrid

La última carta

El Real Madrid no pasa por su mejor momento, eso está claro. Pero no es producto del azar, sino de decisiones y acciones que han causado el declive blanco después de conseguir la tan ansiada Décima.

El equipo actualmente dirigido por Zinedine Zidane se juega más que la temporada el próximo martes. El partido de vuelta contra el Wolfsburgo es un lindo reto que tiene el plantel buscando no repetir los resultados de la temporada pasada (cero títulos). Sin embargo hay mucho más en juego.

Empecemos por el entrenador, quien tras ganar el último clásico se le puso en un pedestal al que todavía no ha demostrado pertenecer. La continuidad de Zizou la temporada que viene aún está en el aire, y el partido del martes parece decisivo en ese aspecto.

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Luego están los jugadores. Algunos de ellos son clave en el futuro del equipo, pero otros nadan en un mar de incertidumbres. De no ganar algún título, o al menos acercarse a lograrlo, varios encaminarían hacia la puerta de salida del Santiago Bernabéu.

Por último, y guardando lo mejor para el final, está Florentino Pérez. El presidente del club no ha parado de equivocarse clamorosamente desde 2014. Las decisiones tomadas han sido, en su mayoría, erróneas y de poco criterio futbolístico.

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Dos años atrás logró lo que tanto buscó en sus dos mandatos al frente del club: ganar la décima Copa de Europa. Lo tenía todo. A la cabeza del proyecto estaba un gran entrenador como Carletto (Carlo Ancelotti). El italiano se encargó de unir un vestuario quebrado –herencia de José Mourinho– y calmar las aguas turbulentas que acechaban en el momento. En su primera temporada consiguió un título que eludió a los diez entrenadores que lo antecedieron, y que era el sueño de todo aficionado madridista. Quedó campeón del mundo. Tenía un equipazo, el rompecabezas armado –por fin–, pero la dirección del club antepuso el marketing sobre lo deportivo. Se comportó más como empresa que como club de fútbol. Y comenzó el declive.

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Lisboa, Portugal. Sábado, 24 de Mayo de 2014. (AP Photo/Andres Kudacki)

El paso de “proyecto” a “improvisación” fue evidente. El técnico italiano solo ganó su continuidad gracias a aquella victoria agónica en Lisboa sobre el Atlético de Madrid. La venta de Di María es, desde lo futbolístico, INENTENDIBLE (sí, en mayúsculas). El Fideo fue el mejor jugador del Madrid en la última parte de la temporada, y protagonista en aquella final de la Champions con un zigzag clamoroso que terminó en el gol de Bale. La respuesta de Florentino fue: James Rodríguez. Sin poner en duda la calidad del colombiano, es un jugador totalmente distinto al argentino. Ambos tuvieron que adaptarse a jugar de volante en el trivote de Ancelotti, pero las características y la polivalencia de Di María le daban ese plus necesario para lograrlo. Las adquisiciones de Chicharito Hernández y Keylor Navas dilucidaron una estrategia de ampliación de mercado hacia América. Navas demostró ser digno de vestir la camiseta blanca, luego de que le buscaran salida —sin éxito— como un perro sarnoso en los últimos minutos del pasado mercado de verano. Mientras tanto, Álvaro Morata sacaba pecho de su buen rendimiento en la Juventus, y de haber eliminado al Madrid –su ex equipo– en Champions. Por si fuera poco, Iker Casillas se iba al Porto por la puerta de atrás.

La campaña 2014-2015 culminó sin títulos conseguidos, aunque comenzó de ensueño. El Madrid logró una histórica racha de 22 victorias consecutivas en todas las competiciones, pero la corta plantilla le pasó factura. Llegaron las lesiones y las ausencias, y el equipo perdió vigor.
Para el presidente, el fracaso de la temporada tuvo un único culpable, y Ancelotti fue despedido. La razón: “Necesitamos un nuevo impulso”.

“Al firmar por el Real Madrid sabía que si no ganaba tendría que irme. Podía durar un mes, un año, tres o cinco años. El Real Madrid es así”.

Carlo Ancelotti al Corriere della Sera en octubre de 2015.

En Italia terminó la temporada 2014-2015. El Napoli quedó quinto en liga –fuera de Champions– y eliminado en semifinales de Europa League de la mano del Dnipro ucraniano. Los azzurri jugaban un fútbol insípido y poco vistoso. Su entrenador, Rafael Benítez, fue –increíblemente– el elegido de Florentino para girar el timón del barco madridista. (Hoy, el Napoli, de la mano de Maurizio Sarri, es segundo en Serie A y muestra el mejor fútbol de Italia).

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La temporada comenzó de manera turbulenta luego del ‘incidente De Gea’: el Madrid se acordó, el último día del mercado, que quería hacerse con los servicios del arquero del Manchester United. No tuvo éxito.
Benítez no logró congeniar con varios jugadores. Buscó la vía del enfrentamiento con algunos pesos pesados y lo pagó caro. El Barcelona lo goleó 4-0 en el Bernabéu con baile incluido.

Meses después, tras media temporada, el entrenador español fue despedido por Florentino Pérez, aquel quien semanas antes había asegurado que Benítez era “la solución” y “no el problema”. El salvavidas del presidente: Zinedine Zidane.

Zizou agarró al equipo tercero en liga. A tres meses de asumir el rol, el Madrid demostró una mejora anímica, más que futbolística. Esto se refrendó en la victoria sobre el Barça en el Camp Nou por el campeonato español. Cristiano Ronaldo volvíó a pedir calma.

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Cristiano pide “calma” al Camp Nou en la celebración de su gol en la victoria 1-2. Sábado, 2 de abril de 2016. (Foto: Real Madrid CF).

La improvisación reina autoritariamente durante la presente temporada (2015-1016). El Madrid puede remontar la eliminatoria ante el Wolfsburgo –y debería–, algo posible gracias a su fibra ganadora nata, pero el problema va más allá. Puede ganar 4-0, o 5-0, y hasta ganar la Undécima, pero las dudas no desaparecerán. El “proyecto” de Florentino comienza a cansar a la afición madridista, y puede que Zidane sea su última carta. Por el bien del club, del presidente y los aficionados esperemos que sea la adecuada.

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Jugadores del Madrid durante la derrota ante Wolfsburgo en Alemania por 2-0. Ida de los cuartos de final de Champions League. Miércoles, 6 de abril de 2016.

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